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CRIMENES FAMOSOS EN CHILE
EL CRIMEN DEL HOTEL VALDIVIA
LA ÚLTIMA CITA DE UN AMOR IMPOSIBLE

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Ex industrial mató a su amante de un tiro luego que ambos se citaron por última vez para suicidarse. El hombre homicida no tuvo valor para matarse.
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A las 22,00 horas del jueves 25 de julio de 1974 los televidentes del Canal Nacional de Chile vieron aparecer en la pantalla el agradecido rostro de la locutora de continuidad. Todos esperaban que se anunciara el comienzo del programa “Trilogía Policiaca” que esa noche tendría como protagonista al desaliñado y persistente detective Columbo, pero la locutora leyó entonces un llamado de urgencia… Se encuentra desaparecida la señora Eda Neli quien salio de su hogar a las 9,30 de esta mañana y aún no ha regresado. La señora Neli conduce un automóvil Peugeot color blanco. Se ruega a las personas que puedan entregar algún dato sobre su paradero, llamar al teléfono…

A la misma hora que ese llamado llegaba a miles de hogares de todo el país, el automóvil Peugeot de color blanco se hallaba estacionado en un de los boxer privados del hotel Valdivia situado en la calle García Valenzuela 045, a media cuadra de Vicuña Mackenna. Por la misma puerta del estacionamiento era sacado el cadáver de la dueña del vehículo la ciudadana italiana Eda Meli, con un proyectil calibre 38 incrustado en la cabeza.

El furgón con el cuerpo se dirigía directamente al Instituto Medico Legal, sin que las personas que transitaban a esa hora por el sector de Vicuña Mackenna con Irarrázabal se percataran de que algo anormal había ocurrido en el oscuro y discreto edificio del hotel galante más concurrido de Santiago.
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UNA CITA

Eda Neli, una elegante y agraciada mujer de 39 años subió a su automóvil a las 9,30 de aquella mañana del jueves. Tenía una cita a las 10,00 y disponía de tiempo suficiente para dar un rodeo y evitar el intenso tráfico de vehículos que hay a esa hora en la capital.

El automóvil rodó por Avda. Bustamante y viró por la calle García Valenzuela hacia Vicuña Mackenna, a mitad de la cuadra enfrento la entrada del Hotel Valdivia y se detuvo en uno de los estacionamientos. Su conductora precedida por una empleada del hotel atravesó el pasillo alfombrado que lleva hasta el cuerpo del edificio y llegó hasta la habitación número 3 que había sido reservada anticipadamente.
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A las 9,45 horas, un taxi marca Opel conducido por Mario Fleischmann, se estacionó en el mismo recinto, su dueño tan conocido por el personal del hotel como la dama del automóvil blanco, franqueó la entrada de la pieza número 3 y corrió a la puerta.

Las horas transcurrieron tranquilas en el hotel galante. Las parejas entraban y salían silenciosamente cubiertas de las miradas indiscretas gracias a dos paneles que cubren el pasillo que parte en el estacionamiento y que sólo dejan ver las piernas de las personas que lo atraviesan.

Pasadas las 4,00 de la tarde, Mario Fleischmann abandono el hotel advirtiendo a los empleados que regresaría más tarde. Subió a su automóvil y desapareció sin que el personal tuviera la menor sospecha de que algo pudiese haber ocurrido en su habitación.

El hombre llegó a su hogar, le entrego dinero a su esposa y le dijo que se iba definitivamente. Cuando su mujer le preguntó que ocurría, Fleischmann se limito a decir sombríamente: “Ella esta muerta” Luego salió sin agregar palabras y regresó al hotel Valdivia.

“VOY A MATARME”

A las 6,00 de la tarde el policía de guardia en el Cuartel Central de Investigaciones recibió una llamada telefónica. Una voz de un hombre pregunto por el jefe de la Brigada de Homicidios, Rubén Araya: “Tengo que hablar con él. Es urgente”. Cuando le respondieron que Rubén Araya estaba en su casa enfermo, el hombre agregó… “ Una mujer acaba de suicidarse en el Hotel Valdivia tengo que hablar con él”

En el cuartel hubo una serie de llamadas y consultas, finalmente una patrulla llegó hasta el hotel, y el comisario Pedro Espinoza, tocó la puerta número 3. Desde el interior llegó la advertencia hecha por un hombre de voz temblorosa… “Si entran me voy a matar, sólo quiero hablar con Rubén Araya”.

El jefe de la Brigada de Homicidios que se había levantado de su lecho de enfermo, dialogó durante largo rato con el hombre que resulto ser Mario Fleischmann a quien conocía desde largo tiempo, finalmente Flischmann abría la puerta y los policías se presentaron al interior de la habitación. Sobre la cama había una mujer muerta con un orificio de bala en su sien izquierda. Su acompañante tenía en la mano un revolver marca Browning apuntando a su boca mientras repetía unas y otra vez… “Ella se suicido… yo no tengo la culpa”…

No paso mucho tiempo antes que el hombre se derrumbará completamente deshecho, término por confesar que la mujer era su amante y que ambos habían decidido suicidarse en la que sería su última cita. Cuando los detectives hicieron notar a Fleischmann que la herida de bala que presentaba la víctima en el parietal izquierdo era de tipo homicida, el hombre, acorralado admitió haber disparado la bala mortal tras lo cual horrorizado por lo que había hecho y acobardado por lo que tenía que hacer, luego no tuvo fuerzas para suicidarse.

AÑOS DE ANGUSTIAS

Los protagonistas de este estremecedor drama pasional mantenían relaciones amorosas desde hacía seis años. Ambos casados y con cuatro hijos cada uno, se convirtieron en “compadres” cuando Mario Friedmann apadrino uno de los hijos de Eda Neli. Posteriormente se dieron cuenta que estaban enamorados y tuvieron sus primeras citas ocultas. Paulatinamente, tanto la mujer como el hombre fueron sintiendo el peso de la tensión emocional a la que estaban sometidos. Ambos matrimonios seguían visitándose y asistiendo juntos a reuniones sociales, convirtiendo todas esas ocasiones en verdaderos suplicios para los amantes. Se sentían culpables antes sus respectivos cónyuges y, muy especialmente ante sus hijos.

Las investigaciones policiales basándose en declaraciones del industrial Friedmann sacaron a luz varios intentos planeados anteriormente de suicidios, pero no concretados.

Tras su confesión, surgen varias interrogantes que mantienen un porfiado manto de misterio en torno a este caso. Es inexplicable, por ejemplo, que una pareja de amantes que estaba atormentada justamente por la amenaza de un escándalo haya elegido un sitio como el Hotel Valdivia para poner fin a sus vidas. Tampoco parece lógico que si la mujer y el hombre habían mostrado tanta preocupación por sus hijos, hubiesen escogido el suicidio como solución a su problema en lugar de simplemente terminar con sus ilícitas relaciones y evitar sufrimientos a sus seres queridos.

El misterio quedo encerrado entre las paredes de la habitación número 3 de este famoso hotel galante. Sólo fue definitivamente develado durante la causa que se encargo en el 8º Juzgado del Crimen de Santiago.

UN RINCON PARA EL AMOR

Para nuestros lectores de fuera de Chile, explicamos que el Hotel Valdivia es el más famoso, discreto y elegante de los hoteles galantes de Santiago. Cuenta con alrededor de 60 años de existencia, y esta ubicado en Vicuña Mackenna 692, tiene una estratégica entrada para automóviles por calle García Valenzuela entre Avda. Bustamante y Vicuña Mackeena. Para este refugio del amor se idearon diferentes tipos de decoraciones en sus habitaciones, efectos visuales y comodidades excéntricas, trabajadas para avivar la imaginación de sus ocupantes.
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Este hotel a sido pionero de ideas para otros hoteles similares en el extranjero, incluso la revista TIMES de los Estados Unidos realizó un reportaje en el año 1970, la revista PARIS MATCH de Francia también hizo un reportaje de este lugar en el año 1974.

Al pasó de los años este hotel a seguido en el mismo sitio recibiendo parejas de amantes discretos. El tiempo ha relevado al olvido este hecho trágico que ocurrió en este peculiar hotel en un ya lejano año 1974, y todo hay que decirlo, este hotel continúa siendo un referente en la idiosincrasia de los chilenos.

Fuente: VEA Nº 1829 (1.Agosto.1974)
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