Delegación fundada el 3 de Abril de 2003

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HITLERISMO ESOTÉRICO
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¿ MURIO HITLER REALMENTE?
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HEMOS SELECCIONADO COMO INICIO DE ESTA RECOPILACION, UN PAR DE TRABAJOS QUE ESTÁN EN NUESTRO PODER SOBRE ESTE TEMA, Y QUE PENSAMOS IR EDITANDO A FUTURO.

INDEPENDIENTEMENTE DE TINTES IDEOLÓGICOS DE CADA AUTOR, SÓLO NOS INTERESA LA PARTE HISTÓRICA, Y ESTE TRABAJO QUE LLEGÓ A NUESTRA REDACCIÓN POR PARTE DE UN COLABORADOR NUESTRO NOS PARECIÓ LO SUFICIENTEMENTE EXPLICATIVO PARA PROCEDER Y DAR A LUZ ALGUNOS DE LOS ESCRITOS DEJADOS POR NUESTRO COLABORADOR OSVALDO MURAY, QUE EN EL MOMENTO DE SU MUERTE TRABAJABA INTENSAMENTE EN LA ZONA DE TALCAHUANO, CONCEPCIÓN, CONSTITUCIÓN, PICHILEMU Y OTRAS, RASTREANDO LA LLEGADA DE SUBMARINOS ALEMANES CON SUS TRIPULACIONES A LOS MESES DESPUES DE HABER TERMINADO LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
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LAS OPINIONES DE LOS INVOLUCRADOS

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"La otra noche, en mi casa, le ofrecimos a nuestro bienamado Führer, un asadito con motivo de su viaje a Venezuela, donde piensa establecerse para rehacer su situación económica."

(Carta de Martin Bormann a un amigo, extractada en "Adiós al Führer", de Enrique Lafourcade)

"- Oficial SS pregunta: Mein Führer. ¿Por quién lucharemos ahora? -
Hitler le responde: Por EL HOMBRE QUE VENDRA ..."

(Último Diálogo de Adolf Hitler antes de desaparecer desde el Bunker de Berlín en el día de la ocupación final de Alemania)
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LA MUERTE DE LA QUE AUN SE ESPECULA
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En Abril de 2000, los rusos han tratado de impresionar al mundo mostrando en una exposición una minúscula pieza craneana con un agujero "de bala", perteneciente según ellos a Adolf Hitler. Es lo más parecido a los restos de Hitler que alguna vez se han mostrado al mundo, luego de años de hablar de las "comprobadas" pruebas dentarias, fotografías del cuerpo completo y semicalcinado del Führer, entre otras cosas.

Se han presentado al público varias fotografías del "cadáver de Hitler" a lo largo de la historia; en algunas aparece quemado, en otras sin lesiones aparentes y en la que mostramos aquí, con rastros de un presunto proyectil (los historiadores que aseguran su muerte no están de acuerdo en si se suicidó de un tiro, tragando una pastilla de cianuro o hasta ambas cosas). De cualquier modo resulta bastante raro que algunas de las imágenes hayan sido fotografiadas, según la versión oficial, por los mismos alemanes que, según el plan, intentaban hacer desaparecer el cuerpo del Führer para esconder su muerte.

Entre 1999 y el 2000 se filtró una noticia extraña: un área del famoso bunker de Berlín en donde Hitler se habría quitado la vida, y que fuera descubierta desde hacía décadas, había sido mantenida en secreto por las autoridades aliadas durante todos estos años. Alegaron un temor de que el lugar se convirtiera en sitio de peregrinaje para neo-nazis. Sin embargo, la sensación que queda claramente es que, a 55 años de la supuesta muerte del Führer en Berlín, aún quedan cosas desconocidas a los ojos de las muchedumbres.
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Los rusos alegaron haber descubierto, en su momento, varios cuerpos medio enterrados con las características de Hitler, los llamados "doppelganger" del Führer. Algunos creen que tenía varios de estos "dobles" y que uno de ellos fue el que murió en el famoso atentado explosivo en su contra en 1944, del que "sobrevivió milagrosamente" según se dijo.

El oficial soviético Anatoli Klimenko, por ejemplo, uno de los principales encargados de la toma del Reichstag el 9 de Mayo de 1945, declaró que le cadáver supuestamente perteneciente a Hitler calzaba medias tejidas de lana que el Führer siempre se negó a utilizar en vida, pues las detestaba.

Por su parte, el mariscal Zhukov negó públicamente la versión oficial rusa de haber encontrado con seguridad el cuerpo de Hitler. Sobre el verdadero paradero de Hitler, declaró: "Mi opinión personal es que se encuentra en algún punto de Europa, tal vez en España."

Documentos rusos publicados más de cuarenta años después de la guerra, aseguraban que los cuerpos de Hitler, Eva Braun y la familia Goebbels fueron totalmente calcinados luego de ser encontrados, y sus cenizas esparcidas por el aire el 5 de abril de 1970, lo que no coincide con la actual versión de Moscú al exponer los "restos de Hitler" que hemos señalado.
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LO QUE DIJERON LOS EXPERTOS:
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Presentamos aquí un pequeño texto tomado de un catálogo promocional de Internet para publicitar uno de los tantos libros que ponen en duda la muerte del Genio de los Gentiles:

La Muerte de Hitler es una suposición no un Hecho.

Opinión de Personajes Prominentes sobre la muerte de Hitler

En 1952, Dwight D. Eisenhower dijo:

"Nosotros no hemos podido sacar ni siquiera una pizca de evidencia tangible sobre la muerte de Hitler. Mucha gente cree que Hitler se escapó de Berlín."

Cuando el Presidente de EUA Truman le pregunto a José Stalin en la Conferencia Potsdam en 1945 si Hitler estaba o no muerto, Stalin replicó, "No."

El Oficial mayor del ejecito de Stalin, Mariscal Gregory Zhukov, que sus tropas fueron las que ocuparon Berlín, afirmó después de una larga investigación en 1945:

"Nosotros no hemos encontrado el cuerpo que pueda ser de Hitler."

El jefe del consejo de Estados Unidos de juicio de Núremberg, Thomas J. Dodd, dijo:

"Nadie puede decir que él está muerto."

El Mayor General Floyd Parks, quien comandaba las fuerzas de EUA en el sector de Berlín, expuso una publicación que él estaba presente cuando el Mariscal Zhukov describió su entrada a Berlín, y Zhukov dijo que creía que Hitler pudo haber escapado.

El Teniente General Bedell Smith, Jefe de Personal del General Eisenhower en la invasión europea y después Director de la CIA, dijo públicamente el 12 de Octubre de 1945:

"Ningún ser humano puede decir conclusivamente que Hitler esté muerto."

Coronel W. J. Heimlich, ex jefe de la Inteligencia de Estados Unidos en Berlín, y que estaba encargado en la investigación para determinar que había pasado con Hitler y como reporte final dijo:

"No hay más evidencia que las habladurías para sostener la teoría del suicidio de Hitler."

También él afirmó que:

"En base a la presente evidencia, ninguna empresa de seguros de Vida en Estados Unidos, pagaría la prima por Adolf Hitler."

El juez de Nuremberg Michael Mussmanno dijo en su libro "Diez días para morir":

"Rusia debe de aceptar toda la culpa, hasta el entendido de que todavía existe, que Hitler no murió en Mayo de 1945."

El ex-secretario de Gobierno Jimmy Byrnes en su libro "Hablando Francamente" (como citó en Abril 1948 "La Cruz y la Bandera"):

"Que durante la conferencia de los 4 grandes en Potsdam, Stalin dejo su silla, se me acercó con su vaso de licor, la golpeteó con mi vaso, y muy amigablemente le dije: 'Mariscal Stalin, ¿Cuál es su teoría sobre la muerte de Hitler?', y Stalin replicó: 'El no está muerto. El escapó hacia España o Argentina'."

La resolución del Acta de defunción de Adolf Hitler, Resolución 2/48/52 del 25 de octubre de 1956 en Berchtesgaden, confirmando oficialmente la muerte de Adolf Hitler el día 30 de abril de 1945 a las 15:30 hrs, mientras que a Eva Braun la declararon muerta el mismo 30 de abril de 1945, pero 2 minutos antes (15:28 Hrs).

El gobierno alemán, en particular el de Berchtesgaden, extendió el acta de defunción de Adolf Hitler y de Eva Braun hasta 1956, ello se debió a que nunca se encontraron sus cadáveres. Conforme al procedimiento que establece el derecho alemán, como el de muchos los países del mundo, cuando no se encuentra el cadáver de una persona a la cual se le da por desaparecida, primeramente se dicta la declaración de ausencia, y sólo diez años después, cuando no existe ninguna prueba física del desaparecido o no se le ha encontrado, se dicta la declaración de muerte para los efectos legales pertinentes, principalmente los testamentarios.
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¿UN ESCAPE A LA ANTARTICA?
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El famoso Almirante norteamericano Richard Evelyn Byrd, hombre valiente y aventurero, uno de los pioneros en llegar a la Antártica (léase su gran obra "Alone"), declaró en una oportunidad -a propósito de la desaparición de Hitler y algunos otros personajes del Tercer Reich- que "el enemigo está entre nosotros y la Antártida".
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Byrd equivalía en Estados Unidos a lo que el Capitán Richter en Alemania, al atravesar zonas inexploradas del Continente Helado, y hasta asegurar la presencia de los polémicos "oasis" con vegetación y aguas termales en medio de los hielos milenarios, de los que nadie ha vuelto a hablar. Miguel Serrano, uno de los primeros civiles en visitar la Antártica (en 1948), ha escrito intensamente sobre estas historias. El famoso Almirante Doenitz, por su parte, había declarado en 1943 que los submarinos alemanes habían descubierto un "paraíso inexpugnable" en algún lugar austral del planeta.
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La idea de que los alemanes se habrían escondido en bases secretas de la Antártica no es nueva. Fue sumamente difundida al final de la Segunda Guerra, y los aliados enviaron hasta sus propias expediciones intentando confirmar cualquier rumor de esta idea, que suena tan descabellada. Entre las misiones, la principal fue dirigida por el Almirante Byrd en persona.

Con el tiempo, la leyenda se olvidó y pasó a formar parte de los tantos mitos de la Segunda Guerra. Imaginar a Hitler escondido en la Antártica era, simplemente, algo demasiado fantástico como para darle crédito histórico, y tienen razón. Sin embargo, en fechas recientes y gracias a la iniciativa de los grupos aficionados al realismo fantástico, el tema ha vuelto a ponerse en boga y se han presentado como pruebas algunos hechos que por casi 60 años permanecieron en la penumbra permanente. La pregunta resurgió: ¿Es posible, es racionalmente aceptable que Hitler, efectivamente, estuviera oculto en algún la Antártica?

Las pruebas que los creyentes de esta idea esgrimían contra sus detractores eran débiles: que los Alemanes realizaron extrañas pruebas de resistencia y hasta animación suspendida en condiciones de frío similares a las del polo (experimentos que sí se realizaron, y no con pobrecitos judíos sometidos a congelación, como ya estarán imaginando algunos) y que la Antártica sigue siendo, hasta ahora, el lugar ideal para esconder una base ultra secreta sin ser descubierto jamás. Otros agregan a esto la teoría de que la Tierra es Hueca y con "entradas" en los polos, enormes boquetes, dentro de los cuales habrían entrado los miembros de la más selecta aristocracia esotérico-criptopolítica alemana, con Hitler a la cabeza. Como se ve, los argumentos, si bien son válidos, no sólo no comprueban nada, sino que alejan la teoría de cualquier intento por acercarla a un hecho histórico y verificable.

Sin embargo, las cosas cambiaron. Recientes trabajos de muchos autores de historia y literatura, han vuelto a reflotar un hecho que había sido prácticamente olvidado por los anales cronológicos de América. Esto es un hecho real y comprobado, de modo que su falta de difusión no puede ser obra de otra cosa que un intento por llevarlo al olvido...

En 1945, varios meses después de terminada la Guerra, llegaron hasta las costas argentinas de Mar del Plata un par de valiosos y modernísimos submarinos alemanes, capaces de permanecer hasta seis meses sumergidos, y cargados de más hombres de los que necesitaría cualquier misión usual. Traían una curiosa carga de cigarrillos, a pesar de que ninguno de ellos (como es tradicional entre los oficiales de este tipo de naves) fumaba. Los submarinos llevaban mucho tiempo en el mar, lo que es muy extraño. La tripulación no tuvo una razón satisfactoria para explicar su presencia en estas aguas australes ni por qué las naves estaban falsamente clasificadas con las series U-530 y U-977, correspondientes en realidad a dos viejos submarinos que en los archivos navales de la Marina Alemana, aparecían incluso en reparaciones, de modo que la adulteración era una clara muestra de que se trató de ocultar la desaparición de estas naves.
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Los norteamericanos enviaron en tiempo récord una enorme dotación de oficiales que apresaron a los alemanes y se los llevaron a Estados Unidos haciéndolos desaparecer. Actuaron con tal intriga y rapidez que, prácticamente, nadie supo de lo que sucedió. Fue instantáneo. Sin embargo, inmediatamente después comenzaron sus expediciones a la Antártica, siendo la mayor de ellas la del Almirante Byrd, quien volvió convencido de que los jerarcas alemanes que no estaban en Núremberg, yacían en un secreto refugio antártico. Sus expediciones principales tuvieron lugar entre 1946 y 1947, y en ellas los americanos utilizaron sus más modernos aparatos de sondeo y rastreo, aviones y buques. Tal despliegue jamás habría tenido lugar en base a un mero rumor fantasioso.

La noticia que circuló entonces, incluso entre algunos medios de prensa de la época, era que los dos submarinos habrían sido parte de un enorme convoy que salió de Alemania con Hitler y sus principales asesores hasta algún lugar secreto de las tierras australes, el "paraíso inexpugnable" del Almirante Doenitz. Las naves, producto de las tormentas en altamar de ese año, se extraviaron y, como es común en las misiones ultra secretas, por ser parte de la comitiva de compañía, desconocían el lugar al que se dirigían, limitándose a seguir a los guías. Fue así como, extraviados y rendidos a su mala fortuna, llegaron perdidos hasta Mar del Plata.
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Vamos a concluir esta historia con un detalle que tal vez sea por primera vez revelado en un medio de comunicación cualquiera. La noticia llegó a través de gente seria e involucrada en el tema a que nos referimos. Algún día, si las condiciones lo permiten, ahondaremos en esta materia.

Ese mismo año en que llegaban a Mar del Plata los submarinos alemanes, una situación muy extraña tuvo lugar en Talcahuano, puerto situado junto a la ciudad de Concepción, en la VIII Región del Sur de nuestro país. La historia no es demasiado popular entre sus actuales habitantes, pero aún así ya ha tomado ribetes de leyenda.

En Chile se había dado una situación curiosa. El Presidente radical, Juan Antonio Ríos, había declarado muchas veces su desprecio hacia los países Aliados y esto valió más alguna mención honrosa de parte de la Alemania Nazi hacia nuestro pueblo chileno. Incluso había sido expulsado del Partido Radical en 1931 por su apoyo a la dictadura del General Carlos Ibáñez del Campo.
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Ríos, casado con una mujer de ascendencia alemana y él mismo muy admirador de los alemanes (a quienes conocía principalmente por la colonización germana en el Sur de Chile), llegó al punto de amenazar a los norteamericanos, a través de su embajador Bowers, con bombardear naves aliadas atracadas en la isla de Chiloé, si Chile era presionado indebidamente a romper relaciones con el Eje. Sin embargo, mantener la sola neutralidad se convirtió en todo un desafío. Desde el mismo Gobierno hubo una y otra vez funcionarios que intentaron arrastrar a Chile a declararle la guerra a Alemania, imitando a las otras 80 naciones que lo habían hecho ya, la mayoría de ellas simbólicamente. Tanto el Canciller chileno, don Ernesto Barros Jarpa, como el Embajador en Alemania, Tobías Barros Ortiz, lograron aplacar una y otra vez estas intentonas anti germanas; pero, finalmente, las fuerzas imperialistas triunfaron y Chile terminó en la lista de países que, de malas ganas en este caso, firmaron la "declaración de guerra" contra la Alemania de Hitler, contra Japón y contra Italia, el día 20 de enero de 1943. Es curioso que las presiones hayan provenido, por un lado, de un boicot económico de parte de los Estados Unidos, y por otro, de sus "archienemigos" marxistas internos que amenazaban con producir una agitación social si el presidente no cedía a tales presiones.

Sin embargo, ni Ríos ni su sucesor en el palacio de Gobierno, otro radical, el ilustre Gabriel González Videla, dejaron de lado su adhesión personal al Eje y su admiración por la epopeya nazista. Chile era, así, uno de los países donde el Estado Mayor alemán consideraba la presencia de suficientes amigos que garantizaran la seguridad de sus hombres en caso de una emergencia. La Argentina de Juan Domingo Perón también lo hubiese sido en otras condiciones, pero los norteamericanos se habían asegurado un control en dicha nación al final de la guerra, a sabiendas de que podía transformarse en una vía de escape para los nazis alemanes, por el Atlántico.

Pues bien: se acercaba el fin del año de 1945, cuando una pequeña flotilla de poderosos submarinos alemanes de escolta, medio extraviados en aguas del Pacífico, llegaron de emergencia al puerto de Talcahuano. Habían perdido el curso del mismo modo que las naves que llegaron a Mar del Plata, y remontaron rumbo más hacia el Norte, por aguas chilenas, intentando una acción de auto salvamento. ¿Qué era lo que podrían haber "escoltado" en este lado del mundo?

A diferencia de lo sucedido en Argentina, las autoridades se arriesgaron a no dar información a los norteamericanos sobre lo sucedido (los radicales de entonces nunca se llevaron bien con Estados Unidos) y todas las evidencias fueron hechas desaparecer. Los hombres, sus naves y la historia quedaron en el anonimato de un rumor que hoy es leyenda. ¿De dónde venían? ¿Qué hacían en estas aguas? ¿Qué misión de oficiales expertos podría haber tomado la tarea de viajar en forma suicida hacia las aguas antárticas, si no fuera, en efecto, hacia un refugio o campamento inexpugnable?

Han pasado los años. Los episodios de los submarinos alemanes en Mar del Plata y Talcahuano ya son leyendas. La historia de Hitler en la Antártica también lo es...

Autor desconocido.
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HITLER VIVIÓ Y MURIO EN CHILE

Revista Ercilla N° 3.295 del 5 al 18 de junio del 2006
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Cualquier persona que se haya interesado en Adolf Hitler, dictador de Alemania y fundador del nazismo, sabrá que su destino final se ha equilibrado entre dos alternativas: a) Se suicidó en su refugio subterráneo de Berlín, junto a Eva Braun –luego de casarse con ella–, y los cadáveres de ambos se consumieron en una pira alimentada con 200 litros de petróleo. Dicha tesis fue aceptada finalmente por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial en Europa –los Aliados, encabezados por Inglaterra, Rusia y Estados Unidos– que pronto se olvidaron del Führer. b) Hitler escapó de Berlín y abordando un submarino, integrante de un convoy de naves semejantes, se dirigió al sur del planeta.

En esta parte de la teoría hay dos versiones diferentes. La primera, que se refugió en un escondite subterráneo en un remoto y casi inexplorado territorio antártico, descubierto y bautizado por los noruegos a comienzos de los años 20 como Tierra de la Reina Maud. Y que esta tesis no era una locura lo demuestran las expediciones militares norteamericanas que fueron a la Antártida en busca de un posible búnker secreto del Führer. La segunda versión asegura que Hitler buscó refugio en Argentina, muy cerca de Bariloche. Autores que han teorizado profusamente sobre esta última posibilidad aseguran que Hitler asistió a algunas cenas en su honor, o que conversó con varias mujeres que lo reconocieron como el desaparecido líder de los nazis.
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Cuando el fantasma del Führer se atravesó en mis afanes periodísticos, a fines de los años 90 y en forma impensada y sorprendente, se entreveró con el tema de Colonia Dignidad (que era mi propio fantasma desde 1966), pero rechacé la idea por demasiado fantástica. Sin embargo, algo había sucedido a fines de los 80 que me hizo repensar el asunto. Cierto día, un periodista del diario “Fortín Mapocho” –Sergio Gutiérrez Patri, editor nacional del periódico, en el que yo era editor del sector Justicia– se me acercó acompañado de una persona que lo fue a visitar, diciéndome: “Te presento a un apreciado amigo, don Pedro Mansilla, arquitecto del Ministerio de Obras Públicas y destacado competidor internacional de deportes submarinos, quien tiene una historia que te va a interesar”. De esta manera conocí a Pedro y escuché su sorprendente relato sobre el hallazgo de un submarino, a doscientos metros de una desértica playa en el sur chileno. Junto con su relato, Pedro me dibujó un plano con la ubicación del navío.
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Pero los periodistas vivíamos horas turbulentas en Chile. Se había ganado el plebiscito, que puso fin al régimen de Pinochet y el país se aprestaba a su prueba de fuego: una elección democrática para designar un presidente de la República, luego de 17 años de dictadura. Nadie tenía tiempo para submarinos misteriosos. El relato de Pedro Mansilla y el plano de ubicación del navío quedaron para mejores tiempos, archivados en la memoria.

EL SECRETO DE DIGNIDAD

A fines de 1997, a casi una década de la entrevista con Mansilla, caí en la cuenta de que Colonia Dignidad había cumplido treinta años como noticia y los escándalos en la organización germana seguían vigentes, y en aumento, como vigentes estaban este reportero y la revista Ercilla, autores de la denuncia que sacó al enclave alemán de su siesta pueblerina, en marzo de 1966. Entonces propuse publicar una serie de crónicas con un recuento histórico, haciendo notar que Dignidad, que fuera información exclusiva de Ercilla en 1966, había cumplido tres décadas en el plano noticioso y continuaban las informaciones sobre irregularidades como en sus primeros tiempos. Por aquellos días, la justicia iniciaba un nuevo proceso contra el inubicable Paul Schaefer, esta vez a petición del Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

Frente a este renacer del caso, volví a los enigmas de Colonia Dignidad mientras comenzaban a suceder cosas inesperadas. Cierto día de la primavera de 1998, conversando con un analista policial sobre el oculto poder que parecía tener Schaefer, me dijo: “Hemos llegado a la conclusión de que este sujeto posee el conocimiento de algún gran secreto, tal vez de carácter político, por lo que nadie se atreve a hacerle frente”. Y agregó sobre la marcha: “Y ese secreto debe ser de tal magnitud que ni siquiera el Gobierno alemán adopta una decisión drástica sobre la colonia, pese a que en Berlín se conoce al dedillo el régimen de esclavitud que agobia a los más de trescientos colonos”. Le pregunté cual podría ser dicho secreto y mi amigo replicó: “Es una sospecha solamente, pero demasiado fantástica para hablar de ella”.

Esta breve conversación me dejó cavilando un par de meses. En esas cavilaciones descarté que se tratara del ocultamiento en Dignidad de alguno de los criminales de guerra nazis “sumergidos”, tales como Borman, Méngele, o algún otro de la cincuentena de grandes asesinos del Tercer Reich, aún con vida. A fines de los 90, los “sumergidos” seguían capeando la intensa persecución judía. Contribuyendo a descartar a los criminales de guerra prófugos, consideré que todos ellos tenían órdenes de captura cursadas por Alemania y otros países, por lo cual no gozarían de la protección del Gobierno germano. Asimismo, los jerarcas de la Colonia habían asegurado que en sus tierras no le darían refugio a ningún nazi connotado. Dignidad evitaba teñirse públicamente de nazista, porque tal etiqueta pondría en peligro su secreta misión oficial, cual era ser un enclave anticomunista para evitar que Chile se convirtiera en una segunda Cuba.

Pero esta oculta “misión” de Dignidad, aceptada sin reparos por los gobiernos de Jorge Alessandri y los que le siguieron, y apoyada alegremente por numerosos políticos de derecha y centro, planteaba una nueva interrogante: ¿Por qué la Inteligencia alemana se preocupa del comunismo en Chile, que es el coto de caza privado de la CIA? Y un segundo enigma: ¿No habrá otra razón, más oculta aún, que el combate anticomunista, y que este combate sea un biombo que oculte otro secreto más trascendente para Alemania?

De tanto darle vueltas al asunto, recordé de pronto a Pedro Mansilla y su submarino… ¿Submarino? Y la palabra me trajo el recuerdo de algunas conjeturas surgidas en diversos ámbitos, especialmente europeos, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Esas teorías aseguraban que Hitler había escapado al sur del mundo en una flotilla de submarinos, pero nadie, hasta ahora, había mostrado alguna de tales naves como prueba de indiscutible seriedad.

El próximo y obvio paso era estudiar a Hitler, a los nazis y los últimos días de la guerra en Europa; mejor dicho, la batalla de Berlín. Decididamente, el fantasma recurrente de Adolf Hitler Polz se había instalado en mis preocupaciones. En esta pesquisa, que me llevó a penetrar en las profundidades de medio siglo de historias y rumores, yo buscaba antecedentes que desvirtuaran mi idea del Führer en Chile. Durante dos años estudié libros y crónicas periodísticas que hablaban sobre el tema, esperando que en algún momento surgiera la prueba definitiva de que mis sospechas eran erradas y que Hitler jamás pisó tierra chilena.

¿SUICIDIOS EN EL BUNKER?

Pero ante cada hallazgo de nuevos antecedentes aparecían algunas evidencias que afirmaban lo contrario, puesto que todos los hechos conocidos y registrados históricamente apuntan a la fuga del Führer pocos días antes que finalice abril de 1945. Esto significaría, por ende, que el matrimonio de Hitler con Eva Braun corrió a cargo de un par de infortunados dobles –o sosias– de uno y otra, quienes, desgraciadamente, fueron asesinados sin testigos en la habitación privada de Hitler. Y es un hecho confirmado que el Führer usaba a sus dobles en ciertas actividades públicas por motivos de seguridad o para confundir a sus enemigos. De este modo, los dos asesinatos en el búnker se hicieron pasar por suicidios.

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Es tan poco fiable la identificación de los cadáveres por parte de los testigos que se “reclutaron” para este trágico montaje, que una cocinera, al serle preguntada por las autoridades de ocupación aliadas si estaba segura de que el cadáver que vio era de la Braun, afirmó: “A ella la sacaron envuelta en una frazada para quemarla, pero le sobresalían los pies y llevaba los mismos zapatos que usara en la mañana”. Vale decir, la mujer identificó un calzado semejante al que usaba Eva Braun, pero no a la supuesta esposa del Führer.
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Otra de las precauciones adoptadas para encubrir la fuga la tomó el mismo Hitler, al exigir a su hombre de confianza, su chofer personal, que tras su suicidio y el de Eva los rociaran con 200 litros de petróleo para reducir los cuerpos a cenizas, “porque no quiero ir a parar a un museo de Moscú”. Pero es también creíble que la finalidad de la incineración era evitar que los vencedores recuperaran los cuerpos y constataran que los supuestos suicidas eran perfectos sosias de ambos. Esta estratagema resultó, porque los vencedores, oficialmente, aceptaron la identificación de los restos sin contar con pruebas científicas rigurosas. No obstante, a título personal, todos los líderes –tanto rusos, que hallaron los cuerpos calcinados, como los demás aliados– dijeron desconfiar de esa solución, para opinar que Hitler se había dado a la fuga. Y dichas opiniones eran para tenerlas en cuenta, porque las emitieron Stalin, Eisenhower, Bedell Smith, el mariscal Zhukov y el coronel-general ruso Alexander Gorbatov. Este último era el representante de Stalin en la Kommandatura de Berlín y declaró a los periodistas occidentales el 30 de julio de 1945 que “no hay la menor prueba de la muerte de Hitler y lo más probable es que haya escapado de Alemania”. A mayor abundamiento, todos quienes de una u otra forma tuvieron que ver con la invasión y ocupación de Berlín, fueron de la misma opinión.

EL GRAN ESCAPE

A estas alturas de la pesquisa era más que obvio que Hitler se había escapado del Führerbunker. ¿Cómo lo hizo, cuando la capital del Tercer Reich estaba rodeada de soldados rusos por sus cuatro costados? Encontré varias versiones del sistema empleado para el gran escape, pero la que más se acerca al trayecto seguido entre su refugio y el puerto noruego de Kristiansund –donde le aguardaba la flotilla de submarinos– curiosamente la publicó la revista chilena Zig-Zag, el 16 de enero de 1948, señalando:

“El 30 de enero de 1945, el capitán Peter Baumgart transportó a Adolf Hitler, a Eva Braun y a un grupo de leales amigos, desde Tempelhof (aeropuerto de Berlín) hasta Tondern, en Dinamarca, y desde allí a Kristiansand, en Noruega, donde les esperaba la flotilla de submarinos”.

Esta versión necesita algunos reparos y precisiones. De partida, la fecha de la fuga no corresponde en absoluto a los hechos conocidos. La fecha más aproximada es la del 19 de abril en adelante, cuando el propio Führer le dice a Karl Doenitz que a partir de ese momento él desaparece y el Gran Almirante (es su título por ser el Comandante en Jefe de la Armada alemana. N. del A.) debe asumir la conducción del Reich. “Usted es un soldado –enfatiza perentoriamente Hitler a Doenitz– y debe obedecer mis órdenes. El marino, no obstante, recién a fines de abril, toma el mando de Alemania y el cargo de Führer (máximo jefe militar).

En la información de la revista Zig-Zag de 1948 se dice que a Hitler le acompañó en su fuga, aparte de Eva Braun, un grupo de amigos. Esto es coherente con otra versión que asegura que el Führer fue llevado a Dinamarca en un avión “Arado 555”.
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Aquí es necesaria una explicación aclaratoria. Los últimos personajes que llegaron o salieron de Berlín –mejor dicho, del búnker de Hitler– en el mes de abril, lo debieron hacer en pequeños aviones que podían aterrizar o despegar desde una amplia avenida frente al edificio de la Cancillería del Reich (sede del Partido Nazi), conocida como el Eje Este-Oeste, por lo cual es muy posible –y eso nos permite fijar con mayor exactitud la fecha de la fuga– la presencia del Arado 555. Este avión era capaz de transportar a varios pasajeros, lo que es imposible para un pequeño monomotor que a lo sumo transporta a dos o tres personas. El Arado era un monstruo del aire, pero llegó demasiado tarde, como muchas otras armas secretas de Hitler. Se trataba del primer avión a reacción del mundo, dotado de seis motores y capaz de ir desde Alemania a Nueva York, dejar caer cuatro toneladas de bombas y regresar a su base, sin reabastecerse de combustible.

Pero hizo su aparición cuando ya Alemania había perdido la guerra y el único aparato que salió de la fábrica Arado sólo sirvió para rescatar a Hitler desde su refugio y llevarlo a Dinamarca.

Ahora, si el Arado despegó desde Tempelhof significaría que la fuga se inició, a lo menos, una semana antes que terminara el mes de abril, ya que en esos días los rusos se apoderaron del aeropuerto, único que permitiría operar al gigantesco bombardero intercontinental.

UN PARAISO PARA HITLER

Las maniobras del almirante Karl Doenitz durante abril despejan cualquier duda que se pudiera tener sobre su rol en la fuga del Führer. Dos años antes, en 1943, cuando Doenitz era el comandante de la flota submarina de los nazis –en esa época el arma más poderosa de Alemania– declaró a un grupo de periodistas alemanes: “Mis submarinos descubrieron un paraíso en la tierra, una admirable fortaleza para el Führer, en algún lugar del mundo. Allí podrá (Hitler) trabajar con plena tranquilidad, preparando sus nuevos planes”.

No aclaró el almirante dónde estaba ese paraíso, pero no debe haber sido la Antártida. También era ilógico pensar en Argentina, que se llenó de criminales de guerra al término del conflicto, y donde los comandos judíos buscaban afanosamente a los prófugos del Tercer Reich. Para Hitler, esconderse en Bariloche, como se ha teorizado, era refugiarse en la boca del lobo.

Volviendo a Doenitz, poco antes de la debacle final, Hitler saca de su cargo al comandante en Jefe de la Armada, el Gran Almirante Raeder y nombra a Doenitz en su reemplazo. Obviamente, una medida muy estratégica del Führer. El nuevo jefe naval cambia la sede de la Comandancia en Jefe del arma, que estaba en Pilau, a orillas del Báltico, y la lleva a Flensburg, donde funciona la Escuela Naval de la Marina. ¿Cuál es la razón de este cambio?

Pilau está en el camino por donde llegan a Berlín las tropas rusas; Flensburg se ubica al norte de Alemania, también a orillas del Mar Báltico, pero fronterizo con Dinamarca que permanece en poder del Ejército alemán. Un poco más al norte de Dinamarca, tras cruzar un estrecho, está Noruega –también en poder de los nazis–, y en la esquina misma del territorio noruego, el puerto de Kristiansand, donde se reúne la flotilla del gran escape. Esto significa que un vuelo desde Berlín a Flensburg, se realiza sobre territorio controlado por Alemania, aunque los rusos ya dominen la capital del Reich.
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Instalado en la Escuela Naval, Doenitz ordena que una promoción completa de submarinistas se ponga bajo sus directas órdenes y como las conversaciones sobre rendición ya están muy avanzadas con el enemigo, manda radiar un orden de rendición a todos los submarinos que navegan por el mundo. Todo este panorama tiene una sola explicación: los submarinistas van a integrar la flotilla del gran escape (¿para qué otra cosa necesita submarinistas, si la guerra está terminando?). En cuanto a la orden de rendición a los submarinos es muy evidente su intención. Cuando el enemigo se entera de tal orden cesa de perseguirlos, porque centenares de dichas naves comienzan a aflorar a la superficie del mar con bandera blanca. De este modo, la flotilla del gran escape navega casi tranquilamente rumbo a Chile.

DE CABO VERDE AL SUR DE CHILE

La flotilla, compuesta a lo menos por seis submarinos, sale de Noruega al Mar del Norte y bordea el sur de Islandia. Ya en el Atlántico, la travesía se cumple sin inconvenientes. Pero cuando la flotilla –que navega sumergida– pasa entre África y Brasil, frente a las islas del Cabo Verde, se rompe la tranquilidad de la navegación.

Es la madrugada del 4 de julio de 1945. Un destructor brasileño choca inesperadamente contra un submarino que, al parecer por la escasa profundidad en que ocurre la colisión, se estaba sumergiendo. Del barco brasileño se alerta a otro destructor que patrulla en las cercanías y todo indica –por lo que sucedió después– que los dos submarinos encargados de proteger el convoy del Führer se quedan en las proximidades del incidente para detener a los brasileños, mientras el resto de las naves escapa raudamente con rumbo sur.

El segundo destructor, que llega cuatro horas después en apoyo del primero es el Bahía con una dotación de 360 tripulantes. La situación se complica para los alemanes y uno de los submarinos de combate dispara un torpedo contra el buque recién llegado. El impacto da justamente en la proa y muy cerca de la santabárbara, por lo que la explosión causa un serio daño a la nave que comienza a hundirse con letal rapidez. De sus 360 hombres sólo se salvan 40.

Una semana después, el 12 de julio, otro destructor brasileño que ha permanecido en el área donde se hundió el Bahía detecta a un submarino y lo ataca con cargas de profundidad. Es fácil suponer que el submarino permaneció sumergido, esperando que los perseguidores se convencieran de que había escapado, para poder reanudar su travesía.

Es posible suponer que por razones estratégicas y conversaciones de muy alto nivel entre alguna autoridad nazi “sumergida” y el Gobierno argentino –claramente pro nazi–, los dos submarinos de combate cambien su trayectoria y no sigan en el convoy del Führer. Por ello, el 10 de julio se rinde en Buenos Aires el U-530, al mando del teniente de navío Otto Weirmutt y su tripulación de 54 hombres.

En medio de estas historias de rendiciones, la prensa argentina informa de avistamientos de a lo menos otros tres submarinos, uno de los cuales es apresado por la Marina, pero dejado libre después, al decir de la prensa. Tales navíos desaparecen rumbo al sur.
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La flotilla del gran escape, entretanto, ha entrado al Pacífico. El submarino que transporta a Hitler fondea en el refugio que el almirante Karl Doenitz calificara como “paraíso en la tierra”, y que no es otro que la hoy llamada Isla Friendship (*) en la provincia de Aisén. Otro submarino llega hasta Valdivia, donde es hundido por su tripulación. Un tercer navío reposa en Bahía Mansa y un cuarto submarino es detectado y perseguido por la FACH en Iquique, pero escapa y hoy se encuentra hundido en la costa de Antofagasta.

Un quinto submarino fue dinamitado, hundido y reflotado en una playa de la Séptima Región, pero esa nave nos cuenta otra historia, porque fue escenario de un asesinato múltiple.

¿Quiénes tenían interés en dinamitar ese submarino, instalado al costado norte y muy próximo al faro Carranza, un faro de la Armada chilena? Tras el análisis de los sucesos ocurridos en el refugio berlinés de Hitler, es forzoso arribar a una sola conclusión: Martin Borman, canciller del Partido Nazi y su hombre de confianza. En los dos últimos meses de la guerra, ninguno de los generales o mariscales del Reich tenía acceso al Führer si Borman no lo autorizaba. Su sistema era simple: aparentando relevar al jefe de sus agobiadoras tareas, “filtraba” las visitas, hasta que llegó un momento en que el Führer se tornó invisible para sus generales y líderes políticos. Sólo tres de los sátrapas del dictador no eran manejados por el canciller del partido: Goebbels, Goering y Himmler.

No cabe la menor duda de que fue Martin Borman quien ideó el gran escape, convenciendo al Führer de huir de Berlín –y de Alemania–, porque, al parecer, Hitler realmente quería morir en el Fuhrerbunker. También es evidente que Borman abandona el refugio mucho después que Hitler, en el pequeño submarino hoy abandonado en Carranza. Llegados al lugar elegido y descargado los valores que transportaba, decide eliminar a los tripulantes –quizás no a los oficiales– y para ello debe haber instalado una carga explosiva en el sector de los torpedos, donde están las literas de los marinos, la que estalló cuando éstos dormían. Hay un testigo que escuchó la detonación en horas de la madrugada.

Para ese genio maléfico que era Borman, un grupo de marinos era un potencial peligro de contar lo que sabían, decidiendo su eliminación.

Muchos años después, el administrador de la Estancia Flora, Florencio Arellano, le dijo a este periodista que unos alemanes que llegaron en avión se llevaron el contenido del barco, y mostró el cable que sirvió para reflotarlo, montando un andarivel para transportar la carga hacia la playa.

Continuará....

Osvaldo Muray
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NOTAS EXPLICATIVAS

(*) En un escrito futuro Osvaldo Muray explica su curiosa teoría sobre conectar la mítica Isla Friendship con el tema del escape de Hitler a Sudamérica

Fuentes:

Revista Ercilla Nº 3297 Julio 2006

Revista Ercilla Nº 3295 Junio 2006

Archivos IIEE de Chile

Archivos Luis Altamirano

Lector anónimo

Prensa Mexicana Express Nº 123

Conversaciones con O. Muray
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Para más información sobre submarinos hundidos cerca de costas chilenas:  http://www.iiee.cl/e_entrevistas_muray.html
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